Abandonados a su suerte


EL MARIE LOUISE


"Varios buques navegaban en la zona en aquellos momentos. Hasta la playa llegaba el ruido de la máquina alternativa del vapor de carga francés María Luisa, un pequeño mercante que acababa de zarpar de Cartagena y navegaba hacia el Norte rumbo a Alicante. Desde el puente de mando del buque el capitán francés observó dos pequeñas embarcaciones de vela, un falucho y un pailebote, que aprovechando la ligera brisa que estaba comenzando a levantarse navegaban de bolina para doblar el cabo de Palos y arrumbar a Cartagena. Ambas se encontraban por su través de babor. Más hacia tierra se distinguía la airosa silueta de un vapor correo que navegaba a toda máquina lan­zando nubes de vapor por sus dos largas chimeneas. El capitán del María Luisa, un viejo veterano de la línea Marsella‑Orán y buen conocedor de aquellas aguas, se extrañó de que un buque de tanto porte navegase a tal velocidad (al menos 15 nudos) y tan pegado a tierra en un lugar con tantos bajos como aquél." ("Los grandes naufragios españoles". Fernando José García Echegoyen)

El vapor Marie Louise era un buque francés de cabotaje que a principios del siglo XX realizaba la travesía entre Alicante y el puerto argelino de Orán.

A primera hora de la tarde del sábado día 4 de agosto de 1906 el Marie Lousie había partido del puerto de Cartagena, donde hizo escala, rumbo al de Alicante. Justo a las cuatro de la tarde se encontraba bastante cerca de las islas Hormigas, a la altura del siniestrado Sirio, y fue, por tanto, el testigo más directo del naufragio. Sin embargo, su ayuda se limitó a recoger a 29 náufragos y partir rápidamente hacia Alicante. Sin duda, el Marie Louise hubiera podido evitar él solo la mayoría de las muertes.

El día 8 de agosto, el Marie Louise atracaba nuevamente en Cartagena procedente de Alicante, trayendo a once de los náufragos recogidos: nueve italianos, un árabe y un argentino. Los otros dieciocho pasajeros del Sirio que había recogido de la mar se quedaron en Alicante El pasajero árabe perdió en el naufragio a los diez miembros de su familia que le acompañaban.


He aquí las declaraciones que el capitán del Marie Louise, J. Colomer, realizó al diario de la tarde EL ECO de Cartagena:


" Al acercarme al buque náufrago, noté que había varado en el bajo que existe a unos cinco cables de distancia de la isla de la Hormiga, ofreciendo parte de la popa sumergida en el mar y la proa muy levantada.

Sobre las aguas vimos flotar a infinidad de infelices náufragos, que luchaban por asirse a trozos de tablas, maderos, sillones y cuantos objetos se hallaban esparcidos por el mar.

Los tripulantes del Marie Lousie desplegaron heroicos esfuerzos para salvar de la muerte a aquellos desgraciados, largando cabos y arriando los botes, pero la fatalidad hizo que en dichos momentos se rompiese la chabeta del timón, quedando el Marie Louise sin gobierno, viéndome precisado a ordenar dar máquina avante y separarme de aquellos lugares ínterim se reparaba la avería."

Sin embargo, el Marie Lousie llegaba horas después a Alicante sin ningún problema, sin rastro de avería y en el tiempo previsto. A su llegada, Colomer hizo estas declaraciones a la prensa:

"De improviso el buque italiano paróse bruscamente. Profundamente alarmado con los prismáticos advertí que el vapor había embestido al bajo quedando sobre él con la proa levantada y la popa al nivel del mar. Entonces me dirigí al barco en peligro a toda velocidad. En aquellos momentos de terrible ansiedad estallaron las calderas del Sirio levantando una montaña de agua. Aún no estábamos cerca del buque naufragado y ya las olas nos traían cadáveres, algunos todavía trágicamente abrazados y otros moribundos que movían penosamente los brazos como en demanda de socorro y se hundían para volver a la superficie, Con la presteza que el caso requería comenzamos a recoger náufragos. Por todas partes las voces de angustia reclamaban nuestro auxilio. En los primeros momentos y con los botes arrojando cabos pudimos recoger 25 personas, casi todas ellas desfallecidas y muchas enloquecidas por el espanto.

Más tarde pudimos recoger otros 19 que son los que han desembarcado en Alicante. Los primeros los enviamos en botes a las islas Hormigas. Uno de aquéllos ha perdido la razón. Es un infeliz emigrante que iba con toda la familia, la esposa y seis hijos, a América. Sólo él ha quedado vivo pero en estado de locura completa. Cuando se recuperó del desmayo que sufría nos dijo con toda tranquilidad que su esposa e hijos iban en otro barco y que todos se reunirían allá en Argentina."

Días después, el periódico LA PUBLICIDAD de Barcelona publicaba una carta firmada por catorce náufragos supervivientes del Sirio en la que protestaban por el incorrecto comportamiento del capitán del Marie Louise y señalaban que no podía ser comparado con el de los valientes y humanitarios pescadores de Cabo de Palos, "en todo caso -decían- podría compararse con el vergonzoso proceder de la torpe y cobarde tripulación del infortunado Sirio". Se quejaban los firmantes del abandono en que se vieron en aquellos momentos de angustia, y señalaban que fue el Marie Louise "quien llegó en primer término al lugar del siniestro y quien disponía de más elementos para prestar socorro; pero a pesar de todo, él fue quien menos víctimas arrancó al mar, limitándose su acción salvadora a recoger a unos muy pocos náufragos que, a costa de grandes esfuerzos, consiguieron llegar hasta el casco del buque, y algunos otros recogidos en uno solo de los botes que el barco tenía, pues por causas desconocidas el otro permaneció amarrado en su puesto".

Muchos pasajeros del Sirio se habían arrojado al mar al ver que el Marie Louise iba en dirección hacia ellos. Pero entonces, inexplicablemente, el buque francés viró y se apartó de la zona de la catástrofe, donde los náufragos luchaban desesperadamente con el mar para evitar la muerte. El Marie Louise pasó de largo cerca de ellos desentendiéndose de su desgracia.

Otro buque francés, el Poitien negó auxilio a los náufragos del Sirio por miedo a varar sus naves al aproximarse.


"UN HOMBRE SIN CORAZÓN"

"La conducta observada en el salvamento de náufragos por el capitán Colomer no tiene ninguna semejanza con la del heroico Boigues, en todo caso podría compararse con el vergonzoso proceder de la torpe y cobarde tripulación del infortunado Sirio.

Los catorce náufragos españoles que en el vapor Diana hemos venido de Cartagena, testigos y víctimas al mismo tiempo de aquella horrible catástrofe, deben condenar y condenan severamente la conducta incalificable de dicho capitán, abandonándonos a nuestra suerte en aquellos momentos de terrible angustia, y protestamos con todas nuestras energías de tan inmerecidos elogios y de tan absurda recompensa.

El fue quien llegó en primer término al lugar del siniestro y quien disponía de más elementos para prestar socorro; pues a pesar de todo él fue quien menos víctimas arrancó al mar, limitándose su acción salvadora a recoger unos muy pocos náufragos que a costa de grandes esfuerzos consiguieron llegar hasta el casco de su buque, y algunos otros recogidos en uno solo de los botes que el barco tenía, pues por causas para nosotros conocidas, el otro permaneció amarrado en su puesto.

Hemos de advertir que, cuando el Marie Louise estuvo a nuestra vista y venía en dirección al Sirio, muchos pasajeros, viendo allí su salvación segura, se arrojaron al mar con la esperanza de ser los primeros socorridos; el barco entonces viró notablemente del lugar de la catástrofe, donde los náufragos luchaban con la desesperación entre la vida y la muerte; no les hizo caso, pasó de largo y mucho de aquellos infelices sucumbieron inicuamente por negligencia o por culpa de un hombre sin corazón." (LA PUBLICIDAD de Barcelona. Carta de catorce náufragos catalanes. Agosto de 1906.)